Alianza entre Abogados y Consejeros en Rehabilitación como Facilitadores de la Reinserción Social

Tatiana Hornedo Santiago— Estudiante de la Escuela de Derecho

 

Como parte del proceso de aprendizaje, dentro de la academia, surgen grandes interrogantes en cómo los consejeros/as en rehabilitación y estudiantes de Derecho pueden aportar en el cuidado y prestación de servicios de las distintas poblaciones dentro del campo correccional. Esta población es una carente de recursos y servicios pero, con muchos estigmas y prejuicios que entorpecen o dilatan su proceso de rehabilitación o reinserción social. La consejería en rehabilitación y el Derecho pueden aportar grandemente en la prestación de servicios para dicha población. Los/as consejeros/as en rehabilitación y abogados/as, ya sean en formación o propiamente establecidos en la profesión, son entes de ayuda, intercesora y apoyo para las personas que llegan a ser institucionalizadas y que luego, inician un proceso de reinserción a la vida en comunidad. Sus conocimientos, competencias y destrezas les permiten hacer tan importante gesta. La consejería en rehabilitación mezcla de forma idónea con el campo del Derecho. Muchos/as consejeros/as en rehabilitación se adiestran en la carrera del Derecho, proveyendo un enfoque más amplio de los servicios sociales, comunitarios y rehabilitativos que pueden ofrecerse. Ambas profesiones moldean a los/las agentes de cambio que apuestan por una sociedad más justa. Del mismo modo, abogan por un sistema de justicia con altos niveles de rehabilitación y reinserción social.

Según un informe de la Comisión de Derechos Civiles (2009), la rehabilitación social es el conjunto de procesos dinámicos, participativos y estructurados ofrecidos en instituciones correccionales en sus diversas modalidades, cuyo propósito básico es facilitar, promover y potenciar el desarrollo de las capacidades de los individuos que cumplen sentencia en alguna institución o programa correccional a los fines de fomentar su reinserción en la comunidad como personas productivas y útiles. La rehabilitación del confinado está a cargo de una gama de profesionales que incluyen: trabajadores sociales, psicólogos, consejeros y/o abogados.

A través del proceso de rehabilitación social se le ofrece a la persona herramientas para poder lidiar con la realidad institucional y prepararlo para su salida. El mismo comprende un conglomerado de servicios de diversas modalidades que trabajan junto al individuo y los componentes sistémicos, los procesos tendientes a su (re)integración social: servicios educativos, psicológicos, de salud física y mental, de trabajo social, consejería, ocupacional, religiosos, recreativos, cursos dirigidos a conocer sus derechos, entre otros (Comisión de Derechos Civiles 2009). La interdisciplinariedad en su máxima expresión ofrece a las disciplinas la colectivización, el conocimiento, el respeto, el enriquecimiento mutuo, y la evaluación de la labor técnica y de apoyo que promueve la rehabilitación social. McNeill, (2015) Cuando el Castigo es Rehabilitación. McNeill expuso la importancia del trabajo transdisciplinario e integración de profesionales en los procesos de reinserción social. Esta unión de profesionales tiene como propósito la reintegración a la vida en comunidad de las personas que han enfrentado una conducta socialmente inaceptable. Esta interdisciplinariedad ofrece las oportunidades de crear nuevos proyectos y propuestas que potencialicen los servicios ofrecidos con las perspectivas que pudiesen ofrecer las distintas disciplinas.

Ahora bien, ¿Qué se debe hacer con aquellos que infringen la ley? Esta pregunta aparentemente simple, no admite una respuesta sencilla. Las respuestas más comunes han cambiado a través del tiempo, y cuál de ellas tiene un mayor fundamento sigue siendo, hasta estos días, objeto de intensa discusión. En el libro de Justicia Penal Siglo XXI, Barberet & Barquín expusieron que esa discusión es agria y perenne, en parte porque las respuestas reflejan diferencias normativas en torno a lo que se debe hacer con aquellos que violan las leyes penales (2006). Dicho esto, se identifica la gran necesidad de profesionales en el campo del Derecho y la consejería que brinden servicios a la población antes mencionada. Creando planes individualizados, servicios gestoría, estableciendo alianzas con los pares, personal de la comunidad y fomentando un ambiente de inclusión e inserción, se podría ofrecer la oportunidad de un proceso de rehabilitación social exitoso para los/las ex confinados/as.

La cárcel es una jaula que encierra, priva y deshumaniza. Para quienes logran salir de ella es meritorio el ofrecimiento de estrategias, servicios y cuidados para alcanzar su óptima reinserción a la vida en comunidad. Foucault mencionó que hay que castigar de otro modo: deshacer ese enfrentamiento físico del soberano con el condenado; desenlazar ese cuerpo a cuerpo, que se desarrolla entre la venganza del príncipe y la cólera contenida del pueblo, por intermedio del ajusticiado y del verdugo. Foucault, M. (2002). Vigilar y Castigar: nacimiento de la prisión. Como bien decían muchos pensadores y conocedores de los procesos presidiarios: hay que trascender la forma en la que se “establece la justicia” y posteriormente, se rehabilita al imputado. Fernando Picó, gran conocedor de este tema, que a su vez escribió un sinnúmero de libros y desarrolló proyectos dirigidos a maximizar el potencial de los/as confinados/as, pero sobretodo, a visibilizarlos como parte de nuestra sociedad. En su libro: El día menos pensando (1994) escribió:

“El ex confinado en Puerto Rico lucha hoy contra la corriente para ubicarse en una posición digna. No le es fácil conseguir un trabajo asalariado. Tampoco tiene el crédito necesario para montar su propio taller o negocio. Ha perdido años preciosos de su vida sin recibir adiestramiento u optar por una educación superior que lo habilite para el mundo del trabajo y la vida contemporánea”.

Esas palabras que fueron escritas hace poco más de veinte años sin embargo, hoy día tienen mucha vigencia. La realidad de las personas que salen de las instituciones carcelarias en nuestro país es muy similar. En muchas instancias no poseen las condiciones necesarias que les ofrezcan las herramientas y estrategias para insertarse nuevamente a la sociedad. Siendo escasas las oportunidades de empleo, vivienda, servicios para cubrir las áreas familiares, emocionales y de salud del individuo. Trabajar con el mencionado* prejuicio y estigma también es un aspecto para considerar dentro del proceso de reinserción social y vida en comunidad.

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